Roberto Italo Zanini

Nació en Milán el 6 de mayo de 1960. Está casado. Es licenciado en Economía y comercio y periodista.

 

Amaba el Crucificado, porque Cristo en la cruz es “el único gran modelo de referencia”. Amaba a la Virgen,  María Dolorosa, porque por experiencia propia puede “entender los sufrimientos, las necesidades, la fragilidad de todos.

Amaba la caridad, comenzando por aquella que se ofrece a los más necesitados o a los que nos son más cercanos, como única manera de compartir realmente el amor que Dios derrama sobre nosotros.

Cuando uno mira la vida de los santos se pregunta dónde está la novedad.

Magdalena vive entre el 700 y el 800.

A nosotros, que después de dos siglos vivimos entre los últimos dos milenios, ¿qué nos dice su figura?

Sería demasiado fácil sintetizar su vida en dos puntos, banalizandola, Magdalena es noble y rica. Magdalena quiere a cualquier precio emprender la vida religiosa. Magdalena desea dedicarse exclusivamente a los pobres, pero hasta la adultez permanece con su familia atendiendo como muchas mujeres a sus ancianos, a sus sobrinos. Magdalena enfrenta miles de adversidades de su tiempo… fundó una congregación..

Ciertamente Magdalena es todo esto. No obstante ello, no es suficiente para recordar a esta mujer que vivió hace dos siglos, con toda la civilización y la barbarie, la fe y el agnosticismo, la pobreza y el progreso que se sucedieron en aquellos años..No, no es suficiente para animar a un Papa como San Juan Pablo II a canonizarla en el umbral del Tercer Milenio.

La historia como la vida está hecha de cosas que se repiten. los cambios sociales, económicos políticos, religiosos, que han marcado los últimos dos siglos, son de alguna manera semejantes al actual momento histórico. Hoy como ayer se tiene una absoluta esperanza en la razón, Hay crisis de fe, hay crisis de familia, hay una marcada desorientación en los jóvenes y en las conciencias, existe el aislamiento intelectual y social de la Iglesia, se sufre la incapacidad de la política de dar respuestas concretas a las necesidades de los pueblos. Hay nuevas y viejas pobrezas en crecimiento.

Existe un contexto de relaciones sociales que se disuelven y degradan sin que se proyecte otro, sólido en el horizonte.  

Magdalena es una mujer moderna: vive intensamente el trajín interior de cualquier mujer moderna. Busca su camino y logra recorrerlo venciendo toda adversidad. Mas allá del consenso y de la lógica, Magdalena pertenece en esencia  a la modernidad, así como el significado de esta palabra, nació y creció en occidente. Magdalena quiere, usa su capacidad y lo obtiene.

Una mujer que en ciertos aspectos es también espejo para la juventud de hoy. Su juventud fue traspasada por incertidumbres, exaltaciones y profundos disconformismos. Busca durante muchos años independizarse de su familia, pero no la dejan y tampoco tiene la fuerza, además por momentos toma decisiones equivocadas y tiene que empezar de nuevo.

Modernas son también sus intuiciones y la preocupación social por los pobres, por las mujeres solas, por los enfermos, los abandonados. Empeño que asumió de laica, antes de ser religiosa, convencida que las mujeres son un verdadero fermento en el crecimiento humano, social, moral de la comunidad en donde vive. convencida de que en esto consiste plenamente, la novedad del compromiso cristiano propio del 800, la sociedad puede ser cambiada por dentro también a través del compromiso de una sola persona.

El progreso está en las manos del hombre.

Magdalena lo aprende al pie de la cruz, cerca de María y tiene una clara intuición:  puede ser enseñado a otros.

Se debe enseñar si se quiere una comunidad de personas que perseveren por las sendas del progreso.

La importancia de las escuelas y de la educación llega a ser para Magdalena, un punto firme en sus iniciativas como religiosa. la escuela y la educación son un desafío grande de este siglo. el más importante y el más olvidado: el más grave pecado de omisión de nuestro tiempo. Auténtica tierra de misión.

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