Por Hna. Anne Ameyo Amouzou

Me llamo Anne Ameyo Amouzou, soy una canossiana togolesa y este año viví una experiencia misionera intercultural en Argentina que me llevó seis meses, en La Plata. La historia ha hecho de los argentinos un pueblo acogedor. Aquí el extranjero está en casa, compartiendo la vida, con una manera simple y cotidiana con los demás. Cuando llegué a mi nueva misión el 31 de enero, el recibimiento me impresionó mucho. Fue un momento fuerte de intercambio de emociones. Llegué durante el período de formación de las superioras de la Provincia y de la reunión del grupo de la Pastoral juvenil. Tal cantidad de personas, raza, color y con prácticas bien diferentes a las mías. Sentí que me caía de la cuna de mi amada África, pero me recuperaba en el corazón de América Latina, en la cuna de Argentina. Sentí un fuerte deseo de pertenecer a estas personas y servirles sin pensar en lo que podría significar para mí en términos de carácter y adaptación. La Argentina te abraza. Su  extraordinaria riqueza cultural es fruto del encuentro entre las culturas criolla, indígena y europea. La hospitalidad. La cordialidad. La vivacidad espiritual. La vibrante devoción a la  Virgen María, en particular  la tradición de la Virgen de Luján en el centro del país y la de la Virgen de Itatí en el norte.

Así comenzó mi vida misionera sin ninguna grandeza o particularidad. No sabía hablar español, así que estaba muy apegada al poco italiano que conocía. Pero esto no fue un obstáculo para mí o mis hermanas y las personas que conocí. Todos los que conocí expresaron una profunda alegría al tener una hermana africana en Argentina. Hablamos el lenguaje de personas que se aman y quieren entenderse. No estoy segura de cuál es la particularidad de mi vida y mi vocación, pero sé que la raza, la cultura y el idioma no me impiden ponerme al servicio de mis hermanos y hermanas. También sé que en lo más profundo de mi corazón resuena fuerte la palabra de Jesús al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes, luego ven y sígueme”. Para mí, la misión es un abandono en las manos del Señor que a su vez nos hace participar de su obra de salvación junto a nuestros hermanos y hermanas.

Estoy en una comunidad  dedicada a la educación y misión en una escuela con tres niveles educativos y un Centro de Formación profesional.

A inicio del año escolar me presentaron a los  equipos de formación, que me miraron y dijeron: “Coraggio”, porque no sabían mi idioma. Yo dije: “Bene”, y solo sonreí. Y esa sonrisa era mi lengua, mi idioma.

Algunos niños tenían miedo del color de mi piel, pero mi sonrisa y mi atención, poco a poco, los fascinaron a todos.

Estoy en contacto con los estudiantes de nuestra escuela a través de las actividades extrapedagógicas en las que participó lo más que  puedo. Sirvo en el kiosco de la comunidad durante los recreos,  este es un lugar para conocer estudiantes;  y también voy a  un curso para aprender español, fuera de la casa. Con niños pequeños aprendes mucho y aprendes bien.

Los jueves por la tarde dirigimos un momento de oración con los niños de primaria. Este momento de adoración es precedido por un refrigerio para ellos, allí  tengo la oportunidad de estar con los niños y conocerlos.

Los sábados por la tarde voy al apostolado en una capilla en construcción. Una de las hermanas y yo acompañamos un grupo y ayudamos en la animación parroquial.

Otra cosa, el pueblo argentino tiene  como atractivo la comida y el  baile. Posee un mix de grupos étnicos  que vivieron a lo largo de los años a esta tierra. Pienso en particular en el mate, una suerte de bebida oficial para Argentina, que proviene de la cultura indígena guaraní. Signo de solidaridad y compartir con la gente. Y en toda comida que es un lugar de encuentro para mí. Qué alegría probar el asado, que es más que un plato de carne: es un acto social de compartir

En cuanto al baile, sin duda el tango es el que mejor  representa a la Argentina. Sus orígenes se remontan a los bailes de candombe africano, que se mezcló con la milonga, dando un ritmo muy enérgico; es tocado con guitarra, batería y flauta y danzas de los descendientes. Argentina tiene una gran cultura de música y danza.

En la comunidad tenemos momentos de recreación, donde también bailamos. Son momentos de liberación y alegría. ¡También les enseñé a las hermanas algunos bailes togoleses!