Esta noche está llena de luz, por eso la distinguimos, agregándole “buena”.

Esta noche nace para todos la LUZ y se expande como paz y armonía, justicia y bien, esperanza… en los corazones,  en el universo

Dejémonos ayudar a preparar la celebración de esta Nochebuena…

Escuchemos…

HOY LA HUMANIDAD CELEBRA … y los Ángeles aclaman que el Señor se hizo presente ha traído la esperanza. Este niño indefenso, acostado en el pesebre, es El Salvador del mundo y nos dá vida perenne…

“Les anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les  ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tienen  la señal: encontraran un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Lc. 2,1-14

El Evangelio de esta noche nos muestra con claridad lo que celebramos: el amor de Dios que sale a nuestro encuentro, deja la grandeza de su gloria y viene como niño. La Palabra que existía desde el principio, se acurruca en el pesebre para estar cerca de nosotros, quiere mostrarnos su amor y lo hace en la humildad y pequeñez de nuestra carne queriendo despertar nuestra capacidad de amar, tantas veces dormida; se acurruca un Dios hermano, alcanzable, frágil como nosotros que nos llama a la fraternidad, a la ternura, esperando una respuesta…

San Efrén de Siria, poeta de delicadísimos sentimientos hacia Jesucristo y su Santísima Madre, escribió centenares de himnos para uso litúrgico y para uso popular, destinados a que los cantase todo el pueblo.

Reproducimos a continuación parte de uno de ellos que puede animarnos a contemplar el Misterio de la Madre y del Hijo esta Nochebuena:

“He mirado asombrado a María que amamanta a Aquél que nutre a todos los pueblos, pero que se ha hecho niño. Habitó en el seno de una muchacha, Aquél que llena de sí el mundo (…). Un gran sol se ha recogido y escondido en una nube espléndida.

Una adolescente ha llegado a ser la Madre de Aquél que ha creado al hombre y al mundo. Ella llevaba un niño, lo acariciaba, lo abrazaba, lo mimaba con las más hermosas palabras y lo adoraba diciéndole: Maestro mío, dime que te abrace . Ya que eres mi Hijo, te acunaré con mis canciones; soy tu Madre, pero te honraré. Hijo mío, te he engendrado, pero Tú eres más antiguo que yo; Señor mío, te he llevado en el seno, pero Tú me sostienes en pie.

Mi mente está turbada por el temor, concédeme la fuerza para alabarte . No sé explicar cómo estás callado, cuando sé que en Ti retumban los truenos.

Has nacido de mí como un pequeño , pero eres fuerte como un gigante; eres el Admirable, como te llamó Isaías cuando profetizó sobre Ti. He aquí que todo Tú estás conmigo, y sin embargo estás enteramente escondido en tu Padre.

Las alturas del cielo están llenas de tu majestad, y no obstante mi seno no ha sido demasiado pequeño para Ti. Tu Casa está en mí y en los cielos. Te alabaré con los cielos. Las criaturas celestes me miran con admiración y me llaman Bendita. Que me sostenga el cielo con su abrazo, porque yo he sido más honrada que él. El cielo, en efecto, no ha sido tu madre; pero lo hiciste tu trono.

¡Cuánto más venerada es la Madre del Rey que su trono!

Te bendeciré, Señor, porque has querido que fuese tu Madre; te celebraré con hermosas canciones. Oh gigante que sostienes la tierra y has querido que ella te sostenga, Bendito seas. Gloria a Ti, oh Rico, que te has hecho Hijo de una pobre.

Mi magníficat sea para Ti, que eres más antiguo que todos, y sin embargo, hecho niño, descendiste a mí. Siéntate sobre mis rodillas; a pesar de que sobre Ti está suspendido el mundo, las más altas cumbres y los abismos más profundos (…).

Tú estás conmigo, y todos los coros angélicos te adoran. Mientras te estrecho entre mis brazos, eres llevado por los querubines. Los cielos están llenos de tu gloria, y sin embargo las entrañas de una hija de la tierra te aguantan por entero. Vives en el fuego entre las criaturas celestes, y no quemas a las terrestres.

Los serafines te proclaman tres veces Santo: ¿qué más podré decirte, Señor? Los querubines te bendicen temblando, ¿cómo puedes ser honrado por mis canciones?

(SAN EFRÉN DE SIRIA, Himno La canción de cuna de María , 18, 1-23)

La tradición popular nos anima a cantar al Niño Dios y recibir su sonrisa

Con Santa Magdalena les deseamos: “Que el Niño Dios colme sus corazones con su Santo Amor” ¡Feliz Navidad y Bendecido Año Nuevo!

Que podamos empezarlo con lo que nos hace felices