Las primeras comunidades en argentina

Comunidad San Pablo, Hospital Italiano de La Plata

El 17 de noviembre de 1932 parten desde Génova, Italia, la Madre Antonietta Monzoni, Superiora General, junto a la Madre María Moretti para llevar el carisma a nuevo destino, llevando en sus corazones el anhelo de Santa Magdalena, hacer conocer y amar a Jesús hasta los confines del mundo. Esta vez, el espíritu misionero que caracteriza a las hijas de Santa Magdalena las envía a América, al país de las ballenas, a Argentina.

Arriban al puerto de Buenos Aires el 1° de diciembre y luego de constatar las necesidades del lugar y organizar todo para la llegada de las hermanas que formarían la primera comunidad, la Madre General llama a siete hermanas, las cuales viajan prontamente acompañadas por la M. Matiuzzo, secretaria general. Las madres misioneras, con gran entusiasmo y alegría, fruto de su celo apostólico, llegan a Argentina el 29 de diciembre.

La crónica de la primera comunidad en América, establecida en el Hospital Italiano de La Plata, relata así los inicios de la misión:

“El día siguiente, primero del año 1933, ya se establecieron definitivamente en el hospital. A las 8 de la mañana fue la santa Misa celebrada por Monseñor. Después de la misa, Monseñor bendijo la casa. A las 10:30 horas, las hermanas se vistieron todas de blanco y comenzaron la visita a los enfermos, pasando como ángeles de paz, de consuelo, portadoras del Buen Dios. A la mañana siguiente se presentaron al director y luego cada una era asignada por la Madre General a su respectivo servicio: una madre a pabellón hombres, otra a pabellón mujeres, otra a consultorio externo, otra al magazzino (sector de compras), otra a la ropería, otra a la cocina y otra a la farmacia.”

Y desde aquel día, hace más de noventa años, las madres vestidas de blanco siguen siendo para los hermanos enfermos “ángeles de paz, de consuelo, portadoras de Dios”. Al igual que en los inicios, siguen siendo testigos de grandes conversiones, de curaciones milagrosas, de sufrimiento fecundo que manifiestan el paso de Dios en el día a día del Hospital.

Casa de la Providencia, La Plata

El 3 de diciembre de 1934 se inauguró una nueva comunidad destinada a continuar la misión de las hermanas “Pobres Bonaerenses de San José”, quienes, por ser pocas y de edad avanzada, debieron dejar la obra.

La Casa de la Providencia acogía a niñas huérfanas y desamparadas de la ciudad. Cuando llegaron las primeras canossianas, setenta niñas residían en el hogar de la “Providencia”.

La misión de las madres, a pesar de las dificultades inherentes al idioma y la cultura, dio frutos significativos entre las niñas, siendo para ellas verdaderas madres, formándolas humana y espiritualmente. Algunas de ellas, incluso muchos años después, siguen en contacto con la comunidad, sintiéndose parte de la Familia Canossiana.

La Casa de la Providencia se cierra en diciembre del año 1976, fueron 42 años de servicio alegre y donación incansable para el bien de las niñas.

Comunidad San José, Berisso

El sábado 20 de febrero de 1937 marca un hito importante en la historia de la evangelización en la ciudad de Berisso, cuando las dos primeras madres canossianas, María Aberni y Luigia Mauri, se instalan en una humilde casa alquilada, construida de chapa y madera. Este sencillo hogar se convierte en el punto de partida de la obra misionera en la ciudad, reflejando el espíritu de entrega y dedicación propio de las madres misioneras.

Pocos días después, se sumaron a la comunidad dos hermanas y se alquiló una nueva vivienda, sencilla como la anterior, pero un poco más espaciosa, que permitía realizar las tareas de evangelización que proyectaban las madres.

La primera casa queda destinada a la apertura de una escuela de labores, pensada para la formación y capacitación de jóvenes de la zona, mientras que en la nueva residencia las cuatro madres iniciaron el jardín de infantes. Así lo relata la crónica de la comunidad:

“La pequeñísima comunidad acoge finalmente a dos nuevos miembros: hna. Ángela Galli y hna. Pascua Varagnolo. Comienza este día el jardín de Infantes y son hospedados en casa una cincuentena de queridas criaturitas de ambos sexos.”

El ardor apostólico de estas cuatro “pobres mujercitas” se manifiesta en su entrega generosa y constante. No solo abren el jardín de infantes, sino que también dedican su tiempo a la catequesis en la parroquia María Auxiliadora, la única existente en Berisso en ese entonces. Con el paso del tiempo, su colaboración con los sacerdotes contribuye a la fundación de nuevas parroquias, capillas y oratorios en diferentes barrios de la ciudad.

La obra educativa emprendida por las madres crece y se consolida año tras año. En 1941 se inaugura el nivel primario, en 1947 el nivel secundario y, en 1971, se inicia la carrera para el profesorado de Nivel Inicial y Primario.

Implementando el estilo soñado por Magdalena para la educación “La formación del corazón”, a lo largo de los años, la comunidad canossiana deja una huella profunda en Berisso. Hoy, a casi noventa años de su fundación, es posible ver generaciones enteras de familias que han transitado por las aulas del Canossiano San José, testimoniando la trascendencia y la impronta de la misión iniciada por aquellas primeras cuatro misioneras.

Expansión de la Misión Canossiana

Estas tres primeras fundaciones fueron seguidas por muchas otras en diversas ciudades de Argentina: Los Hornos, Bahía Blanca, Villa de las Rosas, Mar del Plata, Punta Alta, Luis Beltrán, Río Colorado, Médanos, Jardín América, Huerta Grande, Quequén y Posadas.

Pero como el ardor apostólico no tiene límites en 1948, cuatro hermanas parten desde el Puerto de Buenos Aires a extender la misión canossiana en Brasil y fundan la primera comunidad en la ciudad de Santos.

Y como las fronteras nunca fueron un impedimento para la misión canossiana, el 2 de marzo de 1992, dos canossianas cruzan el puente internacional Argentina- Paraguay, y comienzan la obra en la hermana República del Paraguay, donde hoy en día estamos presentes con dos comunidades al servicio de nuestros hermanos más pobres.

 

Bajo el manto de María

Bajo el manto y la protección de la Virgen de Luján, Patrona de Argentina y de nuestra Provincia Religiosa, el carisma se ha ido extendiendo y arraigando en estas tierras. La Virgen, al igual que a Santa Magdalena, nos ha manifestado su amor maternal bendiciendo año tras año lo sembrado en cada misión.  Hoy, bajo su mirada maternal, seguimos sembrando y a la vez nos toca cosechar lo sembrado por las primeras misioneras; incontables son los hermanos que han conocido al Señor a través de la misión canossiana en nuestros países. Es también fruto valioso de esa siembra, paciente y generosa, la experiencia del carisma compartido con tantos laicos, quienes sintonizan con los valores carismáticos y se sienten verdaderamente parte de la Familia Canossiana.

 

Gratitud por el legado

De nuestros corazones brota una profunda gratitud al recorrer la historia de la misión canossiana.

Gracias a Dios, por inspirar el carisma en Santa Magdalena, transformando su vida y la de tantas otras personas a través de su ejemplo y entrega.

Gracias a nuestra Fundadora, un sincero y filial agradecimiento por su docilidad y apertura al Espíritu Santo. Fue su búsqueda constante de la voluntad de Dios la que permitió que este carisma se expandiera y arraigara, abriendo caminos nuevos y fecundos en tierras lejanas.

Gracias a todas las madres misioneras, quienes, dejando atrás sus raíces y sin medir esfuerzos, partieron hacia nuestra patria y esparcieron con generosa entrega y dedicación sin medida el carisma de la Caridad, que hoy sigue dando frutos en tierra americana.